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Ciudad del Vaticano / En el 60º aniversario de Nostra Aetate, la declaración del Concilio Vaticano II que redefinió la relación de la Iglesia católica con las religiones no cristianas, el historiador Jean-Dominique Durand llamó a “redescubrir y releer” el documento como antídoto frente al repunte de prejuicios y tensiones derivadas de la guerra en Oriente Medio.

Durand —presidente de la Asociación de Amistad Judeo-Cristiana de Francia— subraya que el texto de 1965 “cambió radicalmente la perspectiva mutua” entre judíos y cristianos, al rechazar toda discriminación y deplorar el antisemitismo, además de dejar atrás la acusación de deicidio contra el pueblo judío. Para el académico, seis décadas de diálogo están hoy “a prueba” por la secuencia iniciada tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la respuesta bélica en la región.

Marco histórico.

Nostra Aetate nació del impulso de Juan XXIII y de las gestiones del pensador judío Jules Isaac, y abrió por primera vez un horizonte doctrinal católico sobre las religiones no cristianas. Posteriormente allanó hitos como la creación de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo y gestos emblemáticos de san Juan Pablo II.

Llamado actual.

Durand alerta sobre el “regreso de viejos prejuicios, incluso en ambientes cristianos”, y propone llevar el documento a parroquias y espacios formativos. A su juicio, el “vínculo” entre cristianismo y judaísmo —que san Pablo describe como el injerto en el mismo olivo— sigue siendo clave para desactivar polarizaciones y reconocer que “la fraternidad universal excluye toda discriminación”.

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